lunes, 11 de agosto de 2008

Pecera


Es domingo por la tarde y estoy sobre la barra del bar mirando la profundidad de mi copa, hipnotizada. Las luces del club, tenues, me refugian del mundo.
Te veo bucear en el mar rojo que contiene esta pecera de cristal entre mi mano. El tiempo parece detener su ritmo acelerado. Dibujas los recuerdos con tus movimientos. De pronto, todo a mi alrededor huele a ti, mis putas bailan para ti, no puedo dejar de mirarte, el deseo prende en llamas todas mis palabras y mi cuerpo avanza hacia el tuyo, devorando la huella de pólvora que dejaste, hasta envolverte. Sin embargo, antes de convertirte en cenizas, te escurres y vuelves a tu pecera.
En mi nariz una gota de vino que el vaso me devolvió, a cambio de la lágrima que mi ojo no logró retener. Tomo mi copa hasta el fondo, de un trago naufragan todas las embarcaciones de tu puerto.

No hay comentarios: