Es domingo por la
tarde y estoy sobre la barra del bar mirando la profundidad de mi copa,
hipnotizada. Las luces del club, tenues, me refugian del mundo.
Te veo bucear en el
mar rojo que contiene esta pecera de cristal entre mi mano. El tiempo parece
detener su ritmo acelerado. Dibujas los recuerdos con tus movimientos. De
pronto, todo a mi alrededor huele a ti, mis putas bailan para ti, no puedo
dejar de mirarte, el deseo prende en llamas todas mis palabras y mi cuerpo
avanza hacia el tuyo, devorando la huella de pólvora que dejaste, hasta
envolverte. Sin embargo, antes de convertirte en cenizas, te escurres y vuelves
a tu pecera.
En mi nariz una
gota de vino que el vaso me devolvió, a cambio de la lágrima que mi ojo no
logró retener. Tomo mi copa hasta el fondo, de un trago naufragan todas las
embarcaciones de tu puerto.

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